Los últimos acontecimientos en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental revelan una clara paradoja política: el Frente POLISARIO no rechaza las consultas impulsadas por Estados Unidos, pero sí rechaza que estas consultas se conviertan en un proceso destinado a imponer un resultado previamente determinado al pueblo saharaui.
En su carta al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, el presidente saharaui y secretario general del Frente POLISARIO, Brahim Ghali, reiteró la disposición del Frente a entablar negociaciones directas y de buena fe con Marruecos, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, con el objetivo de alcanzar una solución justa, pacífica, duradera y definitiva que garantice al pueblo saharaui el ejercicio de su derecho a la autodeterminación.
Esto significa que el Frente POLISARIO no ha cerrado la puerta a las negociaciones. La controversia se refiere, más bien, a las condiciones de las negociaciones, su marco de referencia y su resultado final.
Este punto adquiere especial importancia a la luz de las declaraciones de Massad Boulos, asesor principal del presidente estadounidense Donald Trump para Asuntos Árabes y Africanos, quien reconoció en una entrevista con France 24 que actualmente no existe una solución inminente al conflicto del Sáhara Occidental y que Washington mantiene sus contactos con el Frente POLISARIO, a la espera de sus observaciones sobre la propuesta marroquí.
También señaló que las rondas de conversaciones en las que participaron representantes de las partes concernidas no han conducido hasta ahora a un acuerdo definitivo.
Aquí aparece una de las principales claves del escenario actual: la existencia de contactos directos entre Estados Unidos y el Frente POLISARIO significa, en términos prácticos, que ningún proceso negociador puede excluir a la parte saharaui ni tratar su posición como una cuestión secundaria.
Incluso con la adopción por el Consejo de Seguridad de la Resolución 2797 en 2025, la propia resolución mantuvo el objetivo de alcanzar una solución política definitiva y mutuamente aceptable que garantice la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental.
Desde esta perspectiva, las declaraciones de Boulos pueden interpretarse como una constatación de que el enfoque estadounidense no ha logrado hasta ahora alcanzar una solución sobre la base de su marco actual, más que como una declaración formal de que Washington haya abandonado su posición respecto de la propuesta marroquí de autonomía.
POLISARIO: Participar en el diálogo no significa renunciar al marco de referencia
La posición expresada por el presidente Brahim Ghali establece tres principios claros para el proceso negociador.
Primero: no al rechazo de las negociaciones.
El Frente POLISARIO confirma su disposición al diálogo directo con Marruecos bajo los auspicios de las Naciones Unidas, descartando así cualquier interpretación según la cual haya decidido retirarse del proceso político.
Segundo: no a la aceptación de una solución predeterminada.
La carta del presidente saharaui al secretario general de la ONU rechaza lo que describe como «soluciones a medias» que puedan legitimar la ocupación o eludir las legítimas aspiraciones del pueblo saharaui. Esta posición coincide con la postura oficial del Frente, reiterada en septiembre, según la cual ninguna solución puede imponerse por la fuerza.
Tercero: la autodeterminación y la independencia siguen estando en el centro de la posición del Frente POLISARIO.
El presidente saharaui no presenta la cuestión como una simple disputa regional sobre una fórmula de gobierno, sino como una cuestión de descolonización. Reclama que la solución se base en permitir al pueblo saharaui ejercer su derecho a la autodeterminación y a la independencia.
Asimismo, pidió a las Naciones Unidas que asuman sus responsabilidades respecto de un territorio que continúa incluido en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU.
¿Qué significan los contactos estadounidenses?
La principal paradoja es que Washington se mueve ahora en un espacio político más complejo que el simple planteamiento de una iniciativa marroquí de autonomía y la espera de su aceptación.
La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, redactada por Estados Unidos y adoptada en octubre de 2025, convirtió la propuesta marroquí de autonomía en una base para las negociaciones, pero mantuvo al mismo tiempo el objetivo de alcanzar una solución «mutuamente aceptable» y el principio de autodeterminación.
Por tanto, la misión estadounidense actual parece orientada a reducir la brecha entre dos marcos de referencia contrapuestos: por un lado, la posición estadounidense según la cual la propuesta de autonomía debe servir de base para las negociaciones; y, por otro, la posición del Frente POLISARIO, según la cual cualquier resultado final debe garantizar al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación y a la independencia.
Esto explica por qué las declaraciones de Boulos son importantes, aunque no incluyan un anuncio de cambio en la posición estadounidense. Su reconocimiento de que una solución no está próxima ni es tangible, unido a su confirmación de que Washington continúa comunicándose con el Frente POLISARIO, indica que Estados Unidos también reconoce la existencia de un obstáculo negociador que aún no ha sido superado.
El mensaje central de la posición del POLISARIO
La posición del Frente puede resumirse en una fórmula política clara:
Sí a las negociaciones, no a las concesiones previas; sí al diálogo directo, no a un resultado predeterminado; sí a un proceso estadounidense-ONU, siempre que no se convierta en una alternativa a la voluntad del pueblo saharaui.
Esto es lo que diferencia los contactos actuales de simples comunicaciones protocolarias. El Frente POLISARIO participó en las reuniones ministeriales informales copresididas por las Naciones Unidas y Estados Unidos en enero y febrero de 2026 y presentó sus ideas y propuestas, pero no consideró su participación como una aceptación de la propuesta marroquí.
Por tanto, la continuidad de los contactos de Washington con el Frente, después de varias rondas de consultas, refleja una realidad política fundamental: la posición de la parte saharaui y su visión sobre la naturaleza de la solución siguen siendo elementos que no pueden ser ignorados en ningún acuerdo definitivo.
Las declaraciones disponibles indican la continuidad de la posición estadounidense de apoyo a la ocupación, al mismo tiempo que reconocen que todavía no se ha producido un avance definitivo.
El escenario actual, por tanto, no apunta al final de la vía estadounidense, sino a su entrada en una verdadera fase de prueba. Washington puede proponer un marco negociador, ejercer presión diplomática y reunir a las partes alrededor de una misma mesa, pero se enfrenta a una cuestión central: ¿cómo conciliar el uso de la propuesta marroquí de autonomía como base de las negociaciones con la exigencia de alcanzar una solución aceptada por el Frente POLISARIO y compatible con el principio de autodeterminación?
Desde esta perspectiva, la carta del presidente Brahim Ghali a Guterres puede entenderse como una reafirmación de las condiciones de la participación saharaui: el Frente está dispuesto a negociar, pero no considera las negociaciones como un mandato para renunciar al derecho a la autodeterminación, ni entiende su participación como una aceptación previa de un resultado determinado unilateralmente por una de las partes.
A medida que se acerca el vencimiento del mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), previsto para el 31 de octubre de 2026 en virtud de la Resolución 2797, estos contactos entran en una fase más sensible, especialmente porque el Consejo de Seguridad ha vinculado el futuro del proceso con los resultados de las negociaciones y la revisión estratégica de la Misión.
En consecuencia, Washington puede liderar las consultas, pero no puede firmar la paz en nombre del pueblo saharaui.

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